INVESTIGACIÓN

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CUESTIONAR EL AUDIOVISUAL

 Asistimos a una carrera en la que la multiplicidad de pantallas e interacciones entre éstas parece ir obligando al sistema educativo tradicional a repensarse, a reinventarse. Este  imperativo es sustentado por muchos teóricos, quienes aducen que son las múltiples pantallas las culpables del desapego de los chicos y las chicas por los saberes escolares y por la propia escuela. Como es lógico, si tomamos esta premisa como cierta, la mayoría de los países y organizaciones supranacionales que rigen la educación, han depositado considerables expectativas y recursos en incluir esas pantallas, y la tecnología subsidiaria, en la escuela. Dicha inclusión está produciendo un importante cambio en la infraestructura y gestión de las escuelas y los sistemas educativos, pero no podemos decir lo mismo de la correlativa innovación y mejora en las metodologías docentes y las prácticas de aula.

¿A qué podemos adjudicar esa dicotomía?

Autores como Carmen Luke, en su libro “Pedagogy, connectivity, multimodality, and interdisciplinarity”, plantean que la dicotomía surge de que aún no logramos vincular la complejidad y la fluidez de la Web 2.0 con el modelo de escuela “basado en la cultura del libro impreso y el individualismo competitivo en el que el aprendizaje está geográficamente ligado a un pupitre […]. Y a un viejo estilo pedagógico de transmisión y vigilancia”.

Es en este escenario que el LabMa también se cuestiona, ya que comprende y cree que la multimedialidad que aportan las pantallas está plagada de contenidos audiovisuales, y por tanto las tradicionales formas del audiovisual, la televisión o el cine, están mutando a nuevas formas de transmisión y de narración que deben repensarse para así poder contribuir a su futura inclusión o consumo en las lógicas educativas que suponen los entornos actuales.

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